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España

ASCÁRIDOS en perros y gatos

Infestación por Toxocara canis, Toxocara cati y Toxascaris leonina.

Los ascáridos son pequeños gusanos que viven dentro del organismo del animal (endoparásitos); generalmente pasan su vida adulta en el intestino del animal, pero también pueden migrar a los pulmones y otros tejidos.

Los ascáridos son parásitos habituales en perros y gatos, especialmente en los animales de corta edad, y están muy extendidos por toda Europa. Las lesiones que causan en el animal que infestan pueden ser leves o llegar incluso a provocar un cuadro patológico grave. En el peor de los casos, estos parásitos pueden transmitirse a las personas, especialmente a niños pequeños, pudiendo causar una enfermedad grave (p. ej., una lesión ocular).

La prevención de la infestación mediante la desparasitación periódica de las mascotas resulta sencilla y es esencial, especialmente porque la salud humana puede verse afectada por la transmisión de estos parásitos a las personas a partir de un animal de compañía, el cual puede estar infestado sin mostrar síntomas aparentes (es lo que se denomina una infección silente).

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  • Los ascáridos se encuentran extendidos por toda Europa. Los perros y gatos de corta edad, al igual que los zorros, suelen verse afectados con mayor frecuencia que los adultos.

    Los gusanos adultos tienen forma cilíndrica, miden unos 10 cm de longitud y su aspecto recuerda a un espagueti. Las formas adultas acostumbran a vivir en el intestino delgado de perros y gatos, donde se alimentan del contenido intestinal. En ocasiones pueden expulsarse con las heces, especialmente cuando se trata de animales de corta edad que están parasitados por un elevado número de vermes. Los huevos de estos parásitos no son perceptibles a simple vista (en algunos casos, la infestación de las mascotas puede pasar totalmente desapercibida), son expulsados con las heces del animal parasitado y pueden infectar a otro animal.

    El desarrollo posterior de estos huevos depende de la especie de la que se trate. No obstante, en todos los casos se convierten en larvas, que tienen el aspecto del parásito adulto pero de tamaño muy pequeño. Las larvas son a continuación ingeridas por otro perro o gato y acaban transformándose finalmente en individuos adultos en el organismo de estos animales. El ciclo de vida exacto es específico de cada especie de ascáridos en particular; en algunos casos, intervienen en él hospedadores intermedios como, por ejemplo, roedores.

    Los perros y los gatos pueden verse afectados por tres especies de ascáridos (véase la tabla a continuación): 

    Especie

    Animales en los que suele encontrarse:

    Toxocara canis

    Perros (principalmente cachorros)

    Toxocara cati

    Gatos

    Toxascaris leonina

    Perros y gatos

    Toxocara canis es el ascárido más importante y que suele afectar con mayor frecuencia a los perros.

    Los cachorros pueden resultar infectados a partir de la madre, ya sea antes de su nacimiento o durante la lactancia, a través de la leche. Puesto que los cachorros tienen muy poca resistencia, estas infestaciones suelen ser bastante graves. Las larvas migran rápidamente desde el intestino del cachorro a sus pulmones, desde donde ascienden hasta la boca impulsados por la tos del animal, que se las traga; de este modo alcanzan de nuevo el intestino delgado, donde se transforman en adultos fértiles.

    Los vermes adultos se alimentan en el intestino delgado y sus huevos se eliminan con las heces. Las larvas se desarrollan en el interior de estos huevos, que pueden conservar durante años su capacidad de transmitir la infestación a otros animales. Todos los perros (ya sean adultos o cachorros), y en el peor de los casos las personas, pueden resultar infectados a partir del suelo y el pelaje contaminados. Además, los huevos son resistentes en el entorno, donde pueden sobrevivir durante años.

    En el caso de los cachorros de más edad y en los perros adultos, es posible que las larvas ingeridas, en lugar de afectar a los órganos habituales, migren por el organismo del animal infestado hasta otras localizaciones (larva migrans visceral). Dichas larvas pueden quedar en estos órganos en un estado temporalmente inactivo, lo que se denomina estado silente o durmiente, y más adelante activarse y seguir su desarrollo, por ejemplo durante el período de gestación en las perras infestadas.

    Otros animales, por ejemplo los roedores, pueden actuar como intermediarios (es lo que se denomina "hospedadores de transporte"); en ocasiones, también los humanos pueden servir de hospedadores a estas formas migratorias. Los niños que juegan en zonas infectadas se encuentran especialmente en una situación de riesgo de resultar parasitados. En ocasiones, una larva migra a órganos en los que puede causar lesiones graves como, por ejemplo, una infección ocular que puede provocar la pérdida de visión del ojo afectado. Por esta razón, es importante prevenir la infestación por estos parásitos, lo que incluye la administración periódica de antiparasitarios, y hacerlo siempre con el asesoramiento de su veterinario.

    Toxocara cati es el ascárido que afecta más habitualmente a los gatos en todo el mundo, y su aspecto y ciclo vital son bastante similares a los de Toxocara canis en los perros. Su transmisión a los humanos es menos habitual, pero puede producirse y dar lugar a larva migrans ocular y visceral (es decir, a la enfermedad causada por la invasión del ojo o del abdomen por parte del gusano). Durante la lactancia, las madres infestadas pueden transmitir el parásito a los gatitos lactantes a través de la leche.

    Toxocaris leonina es también muy similar a Toxocara canis y está presente en toda Europa. Es algo menos común, pero afecta tanto a perros como a gatos. Puede transmitirse también a las personas, y se han descrito algunos casos en que ha causado larva migrans visceral en niños.

  • Los ascáridos alteran la función normal del intestino y con ello impiden que el animal infestado pueda absorber y aprovechar óptimamente los alimentos que ingiere. Es posible que los perros y gatos adultos no presenten síntomas aparentes (infestación silente), pero los cachorros y gatitos de corta edad pueden enfermar gravemente e incluso morir. Por otra parte los vermes que migran provocan lesiones en los tejidos que atraviesan; esto sucede especialmente cuando el parásito migra a través de los pulmones de los cachorros.

    Los perros y los gatos infestados por ascáridos pueden presentar los siguientes síntomas: pelaje áspero y sin brillo y, generalmente, mala condición corporal; pérdida de apetito, pérdida de peso; poco interés por el juego, y, sobre todo en los animales más jóvenes, vómitos y diarreas, abdomen hinchado, tos persistente y, en ocasiones, la muerte del animal.

    Sin embargo, algunas infecciones pueden ser “silentes” .En este caso, los animales no muestran síntomas clínicos a pesar de estar infestados y de estar eliminando huevos del parásito a través de las heces, lo que contribuye a la contaminación del entorno (suelo, jardín, zonas de juego de los niños, etc.) con huevos que podrán ser ingeridos por otro animal.

    Los ascáridos pueden tener un importante impacto en la salud del animal, ya que pueden causar una enfermedad grave. Además, estos parásitos pueden transmitirse también a los humanos (zoonosis).

  • Es posible que el veterinario sospeche que existe una infección parasitaria si su perro o su gato manifiestan algunos síntomas clínicos, como vómitos, diarrea, tos o apatía.

    Los síntomas de las infestaciones por ascáridos suelen ser inespecíficos y pueden estar provocados por otras enfermedades. Para llegar al diagnóstico definitivo, el veterinario puede realizar un examen al microscopio de las heces para buscar huevos del parásito tras la aplicación de una técnica de flotación especial. Sin embargo, si la expulsión de huevos en las heces es esporádica, no será posible detectar las larvas enquistadas o “durmientes” localizadas en los tejidos.

    En los animales fuertemente parasitados, es posible que aparezcan vómitos o diarrea, en los que en ocasiones pueden expulsarse vermes adultos, lo que confirmará la infestación por ascáridos.

    En función de sus sospechas clínicas, el veterinario puede considerar la posibilidad de realizar otras pruebas diagnósticas, como una ecografía abdominal o análisis de sangre.

  • El tratamiento consiste en la administración de un fármaco antihelmíntico específico para matar a los ascáridos, lo que debe hacerse sin demora una vez confirmado el diagnóstico. Actualmente no es posible tratar las larvas enquistadas que pueden desarrollarse en las perras hasta que éstas se activan durante la gestación.

    Una sola dosis de un antihelmíntico eficaz será suficiente para matar a los ascáridos. Es importante tener en cuenta que estos fármacos siempre deben utilizarse siguiendo las indicaciones del prospecto. Los medicamentos antiparasitarios de hoy en día son muy eficaces, sencillos de usar y muy seguros, tanto para el propietario como para el animal. Pueden administrarse por vía oral, a menudo en forma de comprimidos que suelen ser de sabor apetitoso, o bien de forma tópica (en la piel), mediante un sistema de aplicación spot-on (es decir, una unción dorsal puntual).

    Su veterinario es la persona más indicada para aconsejarle el antiparasitario más adecuado para su mascota.

    Si se sospecha una infestación por ascáridos, es importante que todos los miembros de la familia, y especialmente los niños, sigan unas medidas higiénicas escrupulosas por lo que respecta a las mascotas que viven en el hogar.

  • La situación ideal es evitar que la infección llegue a producirse. El mismo medicamento (“fármaco antihelmíntico”) se administra de manera rutinaria a intervalos regulares, lo que permite eliminar los ascáridos, así como muchos otros parásitos, con el fin de evitar cualquier infección (huevos en el entorno).

    Dada la amplia presencia de estos parásitos, su gran resistencia a las condiciones ambientales adversas y el posible riesgo para la salud de la familia, es fundamental desparasitar periódicamente a todos los perros y gatos del hogar.

    La desparasitación debe llevarse a cabo de manera periódica para evitar que se produzca una nueva infestación. Los veterinarios expertos en parasitología recomiendan desparasitar a los animales domésticos como mínimo 3 o 4 veces al año para evitar la reaparición de la infección por ascáridos. Sin embargo, la frecuencia con que deben administrarse los antihelmínticos para prevenir la infección también depende de los factores de riesgo específicos de cada animal, tales como: la edad (los cachorros y los gatitos son más vulnerables), el estado de salud (por ejemplo, perras gestantes), los hábitos (acceso al exterior) y la alimentación (perros o gatos que cazan roedores).

    Según los factores de riesgo presentes en cada caso, el veterinario escogerá el programa de desparasitación más conveniente para su mascota en función de sus necesidades específicas y le indicará cuál es el producto más adecuado.

    También se recomienda aplicar medidas higiénicas para evitar la contaminación del suelo, ya que, de lo contrario, no sólo su mascota podría volver a quedar infectada sino que también existiría un riesgo considerable de transmisión a las personas de su entorno. En este sentido, es importante mantener a su perro alejado de sus heces y de las deposiciones de otros perros, recoger las heces de su perro para evitar la contaminación del suelo y la posterior transmisión a otros animales, y mantener a los cachorros alejados de las zonas de juego de los niños. Los huevos de los gusanos se pueden encontrar en cualquier parte, ocultos en el pelaje del animal o en los lugares a los que tiene acceso (jardín, calle o zonas de juego infantiles). Asimismo, es importante lavarse frecuentemente las manos (sobre todo después de acariciar a la mascota o de jugar en el exterior) y limpiar periódicamente la cama del perro. Por último, debe evitarse que la mascota cace roedores, ya que estos pueden ser portadores de parásitos.

     

  • Las infestaciones por ascáridos acostumbran a ser un proceso que cursa sin manifestaciones clínicas visibles en los animales de compañía, especialmente en el caso de los adultos. No obstante, son de particular importancia debido a que constituyen un riesgo potencial para las personas.

    La transmisión de la infección por ascáridos a las personas suele producirse como resultado de la ingesta de material contaminado del entorno o del pelo del animal; en este último caso, los huevos pasan a las manos al acariciar al animal y se ingieren después de manera inadvertida. En las personas, las consecuencias de la infección por ascáridos pueden variar desde afecciones intestinales leves hasta infecciones poco frecuentes pero graves debidas a la migración de las larvas a través de otros tejidos, causando la afectación de órganos como el hígado o los pulmones, en el caso de la denominada larva migrans visceral, o del ojo, en la denominada larva migrans ocular, que puede provocar la pérdida de visión del ojo afectado. También el cerebro puede verse afectado (toxocariosis cerebral), lo que en los niños puede conducir a la pérdida de función cognitiva.

    Los niños presentan un riesgo mayor de desarrollar enfermedades graves causadas por estos parásitos. De hecho, la larva migrans visceral se diagnostica principalmente en niños de entre 1 y 7 años (siendo la media de edad de 2 años). En cuanto a la larva migrans ocular, la media de edad de los pacientes que la sufren es de 8 años.

    La prevención es la clave para conseguir el control de las infestaciones por ascáridos. La administración periódica de los medicamentos antiparasitarios que recomiende el veterinario, así como la aplicación de las medidas higiénicas adecuadas ayudarán a reducir al mínimo el riesgo de infección de su familia.